domingo, 26 de agosto de 2012

es una cosa que escribi sin pensarla mucho. solo deje que mi cabeza "volara", tal vez, volo de mas, pero no se, a mi me agrado.
salu2

 
Tenía sonrisa macabra, lo sé, pero no me intereso.
Caminaba con un porte decidido, hablaba con voz sensual, lo sé, pero que importaba.
Su mirada era siniestra, lo sé, verle a los ojos era todo una Azaña.
Tenía manos sentenciadoras de muerte, también lo sé, pero…mientras no te tocara.
Sabía que esperar de un tipo así, el “no te metas” estaba impreso en su frente, pero nadie podía leer algo aunque tuviera luces de neón por el simple hecho que tu mirada rara vez podía subir más allá de sus labios cuando hablaba.
El día que tope con él fue de casualidad, mis libros cayeron regando el piso frente a la puerta del café donde solía ir a tomar algo por las tardes.
De por si había un grupo de jóvenes suspirando y me quede mirándolas sin entender que era lo que pasaba, cortaban el paso en plena vereda y aunque las empujaras nada hacían, mas que suspirar.
Él se acercó levantando parte de la pila de manuscritos que deposito entre sus brazos y abrió la puerta para mí, aunque agradecí ligeramente y trate de tomar mis cosas no me lo permitió, entro detrás de mí y sus pasos amortiguados por unos caros mocasines en una alfombra roja de linóleo se mesclaron con el susurrar de la puerta metálica con vidrio que pronto se llenó de jóvenes impertinentes que no dejaban salir a nadie.
Me ofreció una mesa pero sonriéndole tímidamente tome mis libros, los acomode con el resto de cosas y seguí camino hasta llegar a un rinconcito apartado con una sola ventana y lejos del bullicio y las miradas curiosas.
Desperdigue todo en la amplia mesa, abrí dos o tres tapas al azar y leí volátilmente los títulos cerrando las tapas rápidamente y abriendo un par más.
-lo de siempre?
Asentí sin mirar y levante la mano chasqueando varias veces los dedos.
-no tengo tu postre pero traeré algo para ti
Agradecí sin mirar inmersa en el índice en latín de un manuscrito y me arrebuje en la silla.
Alguien maldijo a lo lejos, otro estornudo, mas allá una bandeja metálica aterrizaba en el piso, cerca de mi alguien carraspeo. Levante la mirada distraída y allí estaba mi servicial caballero…y verlo fue mi perdición.
Trate de respirar lo juro pero creo que no lo hice hasta que mis pulmones empezaron a arder.
Más tarde diría que quise imitar a pitufina al tratar de ponerme azul.
Sus ojos eran de un color azul, tal vez marrones, o negros, al darme cuenta que él sonreía por mi escrutinio baje la mirada apartando el libro en latín y me dije que la conclusión era que sus ojos eran de color indefinido.
Se sentó frente a mí y pidió lo mismo que yo consumiera y se quedó abriendo y cerrando la tapa de un libro sin mirarlo siquiera, cosa que me puso nerviosa y se lo saque con fuerza poniéndolo contra la pared sobre una pilita que descansaba por ahora de mí.
-crees en el diablo
¿Qué pregunta era esa?, parpadee abriendo y cerrando la boca como un pez, moví las manos de aquí para allá y asentí para negar luego e inclinarme por un no sé.
-no…bueno…o sea…¿Qué pregunta es esa?
-si crees en el diablo
Hacía mucho que no me preguntaban cosa más descabellada, bueno esa y “te quieres casar conmigo” eran las dos preguntas más desquiciadas en la lista de mi cerebro y ambas tenían la misma respuesta.
-no, no creo
-deberías
-libre albedrio
Recoja las cosas que había esparcido cuando vi al camarero de reojo y le deje el espacio suficiente para depositar dos tazas de cappuccino, dos vasitos con agua gasificada y dos platos con tartaletas de frutillas.
Bebí mirándole jugar con un sobre de azúcar, rasgo el papel en un extremo y luego de volcar el contenido en su café se dedicó a revolver el líquido mientras me sonreía.
-es cierto, el humano se pierde en ese…suvenir.
-interesante palabra
Se encogió de hombros y bebió un poco.
-deliciosa elección.
-que desea.
-espera al terminar esta charla.
-tengo trabajo.
-no más, es de vital importancia nuestra conversación.
-mi vida depende de ello?
-diría mas bien…tu alma.
-es un lindo juego pero de verdad debo trabajar.
-todos dicen lo mismo.
Tomo mis manos entre las suyas y me volvió a sonreír, mirándole fijo supe que sus ojos eran negros pero si dejabas la mirada más de lo debido podías ver la lava del infierno en ellos.
Por un mísero segundo desee tener la cadena de mi madre abrazándome el cuello, con su cruz de plata sobre mi pecho. No, no era supersticiosa ni cosa alguna.
Creía como cualquier humano que había algo más allá de los entendimientos científicos, algo que no se podía certificar haciéndole un ADN, usando tecnología de avanzada o tomándole una mísera foto con una cámara de celular.
Algo que daba esperanza, fe y compasión o todo lo contrario,
Algo en lo que los niños veían como extraño, los adultos como un recurso de amparo, los adolescentes como un chiste y los ancianos como una amenaza de último recurso.
-depende en qué posición me capitule usted. Soy una joven que tiene un trabajo de medio tiempo, estudio en mis tiempos libres que son pocos y cuido de mi familia más de lo que puedo en realidad, para mi pensar en Dios el diablo y sus discípulos me genera gasto de tiempo, así que opto por desearles buena suerte en su guerra del bien y del mal y que a mí me dejen como porrista entre round y round.
Él me soltó las manos, me miro, hecho su cuerpo hacia atrás pegando su espalda contra el respaldo y rompió a reír. Una carcajada rica, profunda, contagiosa.
-serias una linda porrista.
Levante mis manos agitándolas y diciendo “hurra-rra, rrra, rrra” asentí para darle un gracias y empecé a comer, mirando el reloj de pared que pendía cerca del techo frente mío.
-tengo poco tiempo señor y creo que allí fuera hay más mujeres que están deseosas por su…extraña compañía.
-iré por ellas cuando tú me respondas.
-no, no creo en el diablo.
-deberías, yo creo en ti.
Jamás alguien me había dejado tan perpleja, por que en verdad le creí.
No sabía si salir corriendo a la iglesia que mágicamente estaba frente del café pero que sabía que no llegaría jamás porque no había escapatoria alguna ya que las puertas estaban abnegadas o bien pedir perdón por todos mis pecados encomendándome a cuanto ángel santo y beata conociera.
-tan interesante soy que viene a mi o es todo lo contrario.
Rio, comió y me miro.
-cómo debo clasificarte.
Deje mis cosas y lo mire. No debería haberlo hecho pero lo mire.
-tengo un hermano de cinco años, el no entiende por qué en mi casa pusimos a un muchacho con espinas en su cabeza y le lastimamos los pies y las manos, sufre y se asusta, porque no comprende. Mi otra hermana es adolescente, los adorados dieciséis, ir a la iglesia es aburrido, ir a confesarse es divertido ya que inventa historias al cura y es un tema de burla en las mesas familiares, mi madre solo reza y cree que así nadie podrá molestarle porque ella es hija de Dios y mis abuelos nos amenazan con el castigo divino del misericordioso padre si no cumplimos con las reglas de la biblia, entre todo ese revuelo de cosas trate de encontrarme ¿sí? Entre las virtudes y pecados del hombre nací crecí y viví hasta hoy, si con suerte hasta mañana. No hay punto de quiebre en mi rutina. No tengo pasatiempos ni novio, tampoco pretendientes, no les interesa una joven con una madre alcohólica, un padre ausente, un par de ancianos y cuatro hermanos menores, uno de ellos en rehabilitación por cuarta vez por drogas. Soy simple y no me amparo bajo las reglas de la iglesia ya que no me creo todo lo que oigo pero no me aparto de todo lo que dicen, la vida es injusta porque somos títeres con pensamiento y movilidad pero si me pongo a pensar dios desampara y usted se divierte, pero en un punto castiga usted cuando algo peor le pasa a aquel que ha dañado, así que como primer hijo de dios está en un deber moral a tratar a sus hermanos menores con algo de dignidad.
Suspire al terminar, acaricie un libro por el silencio frio que se había impuesto y aunque el ruido era tremendo estaba muy lejos del pequeño espacio donde nos encontrábamos.
Acomode cada libro hasta hacer dos pilas de siete, coloque sobre una de las pilas el cuaderno con un sobrecito donde guardaba las cosas para escribir y en la otra pila mi móvil, pague la cuenta de ambos por una gentileza y termine mi tartaleta y mi cappuccino.
El seguía sin hablar.
-eres ÉL o más bien un lugarteniente o así?
-O así.
-entonces estoy condenada o puedo seguir con mi patética vida.
-crees en el diablo.
Me pare y tome mis cosas, mire la atestada puerta y sonreí.
-no, pero le agradezco que él crea en mí.
Comencé a caminar yendo hacia la puerta principal, él me seguía, detenidamente sé que me miraba.
Me gire y me encamine hacia detrás de la barra, pase la parte de la cocina y Salí por la puerta de empleados.
Allí estaba, esta vez acompañado de alguien mucho más elegante, siniestro letal y hermoso.
Jamás podre olvidar lo que paso en ese café.
No he vuelto a pasar por allí desde hace muchos años.
A veces logro acercarme a donde está mi familia, puedo ver a mis hermanos crecer, con penas y dificultades. Cuando puedo logro ayudarles y ellos pasan mejor sus días.
Espero la hora de poder verles felices, es extraño, nadie me recuerda.
Camino por las calles atestadas de personas con sus problemas, a veces siento el dolor de algunos, a veces siento el odio de otros.
Cuando lo veo acercándose a alguien hago lo imposible para que esa persona salga indemne.
He visto personas persignarse por primera vez en toda su vida.
He visto personas que rompen a reír y siguen su camino, perdiéndose para siempre.
Por más insignificante que sea uno, a veces es el simple hecho de una mirada, de un parpadeo, de una palabra equivocada, de dejar a los otros que hagan lo que tú deberías hacer para que toda tu vida cambie.
No soy un ángel ni un demonio. Soy solo un ser que perdió su alma por no tomar las riendas de su destino.
Crees en el diablo?
No?
Deberías…
Yo, creo en ti.

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